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Nadie como la familia [Cissy Black]

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Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Miér Sep 03, 2014 7:32 pm

Nadie como la familia
Llevaba un cuarto de hora esperando a su madre y a su tía en la puerta de Borgin y Burkes, jugueteando con el tarrito de cera para abrillantar escobas que acababa de adquirir en la tienda de Artículos de Calidad para el Quidditch. Hacía un par de semanas que Walburga había visto en el escaparate de la tienda un cuadro antiguo que le había llamado la atención, y llevaba toda la mañana hablando con tía Druella sobre dónde colocarlo. Regulus había preferido esperarlas fuera porque sabía lo maniática y quisquillosa que podía llegar a ponerse su madre con todo aquello relacionado con "la casa de sus padres", y a diferencia de Sirius —quién se había negado a ayudar a su madre a "meter más mierda en casa"—, procuraba evitar tener problemas con ella.
 
—Regulus, querido —murmuró de pronto la voz de tía Druella, asomándose a la puerta y alisándose coquetamente una arruga inexistente en la túnica —, ¿te importaría volver al callejón y ver cómo le va a Cissy con la túnica nueva? Quiero que se la hagan a medida, la última vez nos atendió una impresentable que le dejó las mangas demasiado largas y no quiero que vuelva a pasar. Todo tiene que ser perfecto. 
 
Claro, tía Druella
 
No es que mirar ropa de chica le hiciese excesiva ilusión, pero él también necesitaba comprarse una túnica de gala y Cissy solía tener buen gusto para escoger ropa. No le costaba nada hacerle ese favor a su tía y permitirle de paso a su prima el pequeño capricho de escoger la prenda a su gusto —nunca entendería por qué las chicas parecían disfrutar TANTO escogiendo ropa para terceras personas, sobre todo si se trataba de hombres—. Además, cuanto antes acabasen, antes podría volver a casa para encerar el palo de su escoba nueva. 
 
Tras salir del Callejón Knockturn, cruzó la calle en dirección a Madam Malkin. La tienda se distinguía incluso desde Gringotts gracias a las enormes tijeras de hierro que se abrían y se cerraban, justo encima del rótulo de bienvenida, y tal y como había supuesto, estaba abarrotada. Tuvo que sortear a un chico menudo y moreno que se estaba probando la túnica del colegio, y después a toda su familia —por favor, ni que se estuviese probando el traje de boda— antes de dar con Cissy. Estaba siendo atendida personalmente por Madam Malkin —como siempre que cualquier Black pisaba el establecimiento—, que en esos instantes le estaba probando una túnica de gasa vaporosa azul cielo. Lo cierto era que, aunque no entendiese especialmente de moda, Regulus debía reconocer que estaba muy guapa. 
 

No sé cómo lo haces para guardarlo todo cada año en el baúl, Cissy —comentó, sorteando a la dueña del local con un educado "buenas tardes" y tomando asiento frente a la plataforma sobre la que se alzaba su prima—. Ésa es bonita.    
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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Narcissa E. Black el Miér Sep 03, 2014 8:30 pm

Nadie como la familia
En cuanto su madre anunció que aquel día irían todos de compras sus dos hermanas encontraron rápido algo en lo que ocuparse. Andrómeda y Bellatrix se excusaron con la mentira más grande que podía llegar a existir: habían quedado de verse con sus respectivos prometidos. Cissy sabía que no era cierto, no podía serlo. Al menos podía presentirlo en la sonrisa traviesa que le había obsequiado Bella antes de marcharse. Y aunque fuera o no cierto, la menor de las Black envidiaba a sus hermanas. Ya le hubiese gustado también poder decir que había quedado con su prometido. Sin embargo no tenía esa clase de relación con Lucius Malfoy, aún no. Así fue cómo Narcissa se vio obligada a acompañar a su madre de compras. No era una tortura insufrible, pero por aquella época el callejón Diagon se llenaba de gente indeseada y eso su madre no lo tenía en cuenta.  

Cuando llegaron al callejón la multitud era mas que considerable. Madre e hija fruncieron la nariz en señal de desagrado. Cada vez la gente se mezclaba más y muchas caras eran conocidas como traidores a la sangre o sucios impuros. Sin embargo ambas mujeres poseían un porte que las diferenciaba del resto, no existía nadie como ellas. Druella alzó su rostro de manera altiva y comenzó a moverse entre los magos y brujas que al verla se hacían a un lado para dejarle el paso. Cissy procuró imitar a su madre e ignoró las miradas embobadas de algunos magos mientras seguía los pasos de Druella. Hubiese parecido una elfina domestica de no ir vestida con su mejor túnica y llevar aquel porte elegante que tanto la caracterizaba cuando se encontraba ante la vista del mundo mágico. Mas a diferencia de su madre, Narcissa aún no había aprendido a llevar aquel gesto de asco que adornaba el rostro adulto, no se veía como si estuviera oliendo mierda en el aire. La menor pensó, inevitablemente, que Druella seguramente se vería más hermosa si quitaba esa cara mas no dijo nada al respecto.

Cissy, cariño —la llamó su madre mientras caminaban y Narcissa la escuchó con atención—. Creo que ya es hora de renovar tu armario, la túnica que llevas parece arrugada y vieja...

Esta bien, madre.

Siempre obediente, amable y respetuosa. Se recordaba mentalmente la rubia cómo debía comportarse, sobretodo estando en público. Sin embargo el comentario de su madre la había ofendido. No hacía más de un mes que había adquirido aquella vestimenta que llevaba puesta y ni siquiera tenía una sola arruga. Pero si Druella lo decía así debía de ser. Ambas mujeres entraron en la tienda de Madame Malkin y se detuvieron junto a la puerta esperando recibir la mejor de las atenciones. Así fue cómo ocurrió que la misma dueña de la tienda se les acercó corriendo a saludarlas con grandes gestos de respeto y admiración, invitándolas a pasar a un vestidor privado donde iba a ofrecerles las mejores túnicas que tenía en la tienda, e incluso mostrarles algunos artículos que no estaban precisamente a la venta de cualquiera. Cissy disfrutaba de aquel trato al igual que su madre.

Mi hija Narcissa necesita siete túnicas nuevas, confeccionadas a medida y de las mejores telas que tenga —anunció Druella con autoridad, ante lo cual la Madame asintió enérgicamente—. Un sólo error en las medidas y me veré en la desafortunada opción de buscar una mejor tienda. ¿Cree que eso sea realmente necesario?

Señora Black, le aseguró que en ninguna otra tienda encontrará lo que aquí. Las medidas serán perfectas —aseguró Madame Malkin con un brillo de pánico en sus ojos.  

Me parece bien. Cissy, iré a encontrarme con tu tía. Regresaré más tarde.

Tan pronto como su madre la arrastró a aquel sitio desapareció con su aire de altiva elegancia. Narcissa observó con frustración la espalda de Druella antes de que desapareciera de su vista. Ni siquiera le había dicho con qué tía planeaba encontrarse, solo la había dejado allí abandonada en manos de Madame Malkin y ella debía ser una niña obediente y permitir que le probaran un mil túnicas y procuraran no pincharla en el intento. Realmente iba a aburrirse como nunca...

Ya había perdido la cuenta de las veces que se había medido una prenda distinta. Estaba de un humor tan particular que ninguna le gustaba lo suficiente. Aún así Malkin no perdía jamás la paciencia, por más ruda que fuera Narcissa. Esta vez le había ofrecido una túnica especial, confeccionada de gasa vaporosa  suave con los pétalos de una flor y de un color azul cielo que la hacían sentir que volaba. Incluso las medidas parecían ser exactas, como si la hubieron hecho para ella. Mas no conseguía estar del todo segura. Necesitaba la opinión de alguien, y no de cualquiera.

Justo cuando pedía por una persona su deseo se materializó en forma de su primo Regulus. Supuso que no se debía a una agradable coincidencia, sino que su madre junto con Walburga debían estar muy ocupadas como para venir en su rescate y en su lugar habían enviado a su primo. La rubia dejó de inspeccionar su reflejo para enfocar la vista en el jovencito que había osado hablarle de aquella manera tan personal. No le ofendía, le gustaba que de vez en cuando alguien la tratara con informalidad. Entonces le sonrió con agrado y asintió a modo de saludo. Regulus no era la persona más correcta para opinar acerca de su ropa pero era un punto de vista masculino y podía servir de algo. Pensaba tenerlo en cuenta.

Cuando crezcas, Reg, aprenderás que existen hechizos para ampliar las dimensiones de muchas cosas, como el interior de un baúl —le explicó con aire burlón a su primo, menor por un año, y volvió a mirar su reflejo.

Continuaba insegura, no entendía por qué. Madame guardaba silencio y esperaba una decisión de su parte. Sin embargo Narcissa necesitaba un impulso mayor que el comentario de su primo. Tenía razón, no podía negarlo, pero muchas túnicas podían ser simplemente bonitas. Malkin ya había aprendido que opinar al respecto no conseguiría hacer más que fastidiar a la pequeña Cissy y ella aún tenía que escoger seis túnicas más. A ese ritmo no acabaría más. Por suerte tenía una nueva compañía que podía hacer aquello mucho más divertido, si se lo proponía.  

No me interesa que la túnica sea bonita, Reg. Si quieres conquistar a una chica debes comentarle cómo se ve ella y no la ropa —le enseñó, esperando que así su primo construyera una mejor opinión para compartir.

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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Miér Sep 03, 2014 9:20 pm

Nadie como la familia
C issy se giró hacia él, ofreciéndole una sonrisita coqueta antes de volver a centrarse en el espejo que tenía delante. 
 
—Cuando crezcas, Reg, aprenderás que existen hechizos para ampliar las dimensiones de muchas cosas, como el interior de un baúl. —El slytherin puso los ojos en blanco, divertido. Conocía perfectamente el hechizo extensible, pero a la menor de las Black le gustaba tratarle como a un niño de vez en cuando. Suponía que eso la hacía sentirse "mayor", a pesar de que apenas se llevaban un año de diferencia—. No me interesa que la túnica sea bonita, Reg. Si quieres conquistar a una chica debes comentarle cómo se ve ella y no la ropa. 
 
Regulus escuchó toda la explicación de su prima con las cejas alzadas y una media sonrisa divertida bailándole en la comisura de la boca. Cissy, la perfecta muñequita Cissy, siempre con el protocolo correcto presente. Pensó en decirle que, a veces, las mujeres se complicaban demasiado la vida —y se la complicaban a ellos, de paso. ¿Qué más daba decir que el vestido era bonito o que a ella le quedaba bien? Para él venía a ser lo mismo—, pero sabía que entonces entraría en una espiral de "típicos temas de chicas" que iba a ser peor que recibir un cruciatus. No, mejor evitarlo por todos los medios. 
 
En ese caso, estás muy guapa con él puesto —se retractó, siguiendo con la mirada la larga hilera de vestidos que se bamboleaban suspendidos en el aire, esperando su turno para encajar en el cuerpo menudo de su prima—. En realidad, madre quiere que me compre una túnica de gala para el colegio, y esperaba que pudieses ayudarme. Siempre se te han dado bien estas cosas. 
 
Nada más escuchar eso, Madam Malkin levantó la cabeza como un buitre al acecho y le obsequió con una escalofriante sonrisa plagada de alfileres. 
 
—Deme un segundo, señorito Black, y estaré con usted. Este mes me ha llegado una colección de túnicas de seda importadas de Birmania que han hecho las delicias hasta del hermano de la mismísima Ministra de Magia. 
 
Regulus asintió con educación, aunque no se dejó deslumbrar por las palabras de la mujer. Con tal de que la tela fuese de buena calidad y la túnica tuviese un corte serio apropiado para realizar su función, le traía sin cuidado vestir como el hermano de la Ministra o como el mismísimo Merlín.  
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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Narcissa E. Black el Miér Sep 03, 2014 10:37 pm

Nadie como la familia
Acto seguido de haber dado el consejo a su primo, la rubia escuchó cómo éste se corregía. Entonces le echó un vistazo para obsequiarle otra sonrisa. A pesar de escuchar en labios de Regulus que se veía guapa ella ya lo sabía. Sin embargo su problema resultaba mayor. No quería simplemente verse linda, atractiva o bella, su deseo era el de causar sensación. ¿Lo conseguiría con ese vestido?

Su atención se vio desviada en cuanto Regulus explicó el verdadero motivo por el cual se encontraba allí. Una oportunidad imperdible para que Cissy escogiera la vestimenta de su primo. Los ojos claros de la rubia brillaron de la emoción. De niña nunca la dejaron jugar con muñecos, pero siempre le había gustado la idea vestir a alguien a su antojo. Una vez su hermana Andrómeda la había pillado disfrazando a un elfo doméstico y esa fue la única vez que Meda le gritó que no podía hacer siempre lo que quisiera. Aquellas palabras aún resonaban en la cabeza de la rubia pero en la actualidad comprendía lo que le había querido decir. De haber sido uno de sus padres quien la hubiese encontrado entonces no habría recibido solo un grito. Esta vez tenía paso libre para ayudar a su primo como quisiera y tal vez planeaba divertirse un poco...

Te ayudaré —sentenció casi al instante en que Regulus terminó de hablar, sin darle un solo segundo para que se arrepintiera de sus palabras.

Entonces, sin demorar ni un solo segundo de más con sus túnicas, levantó sus brazos para que Madame Malkin se acercara a tomarle las medidas. No tuvo que decir nada antes de que la mujer se apresurara a acercarse con un par de asistentes que aparecieron repentinamente de la nada. El trabajo de confección que ofrecían allí era impecable y eso Narcissa lo apreciaba. Cuando acabaron de arreglar la túnica que llevaba puesta, Cissy se la quito y permaneció en ropa interior. No se olvidaba de la presencia de su primo, pero tampoco la incomodaba. Tenía un bonito cuerpo, con atractivas curvas a pesar de que aún tenía tiempo para crecer. Por suerte ese día había decidido colocarse un conjunto de lencería negro que destacaba en contraste con pálida piel. Realmente no se preocupaba por lo que su primo viera o dejara de ver. Lo que en ese momento le importaba eran las túnicas y vestidos que estaban suspendidos en el aire.

Voy a llevar estos —indicó al tiempo que señalaba con un dedo seis prendas que le habían llamado la atención mientras se las probaba.

De acuerdo, señorita Black. Necesitamos tomarle las medidas para cada uno...—respondió Madame Malkin, bajando la mirada ante el escrutinio de la rubia.    

Por mas prisa que Narcissa quisiera darse no podía rechazar lo que Malkin decía. Si por algún despiste las medidas salían mal entonces la ira de Druella sería irrefrenable. Así que asintió y miró con cara de disculpa a su primo. Debería esperar a que fuera su turno para que empezara a acosarlo con distintos trajes que seguro le sentarían de maravilla. Regulus tenía un atractivo cuerpo de complexión delgada y su bonito rostro le favorecía bastante. No podía evitarse siendo un Black. Su primo rompería corazones.

¿Qué llevas ahí? —quiso saber Cissy, mientras intentaban no pincharla con su tercer túnica—. ¿Has estado de compras?

A veces la pequeña de las Black podía parecer ingenua y tonta, podía tener buen gusto para la ropa y saber bastante sobre maquillaje, incluso podía llevar una conversación completamente absurda sobre magos y filtros de amor, pero no por eso dejaba de ser inteligente y perceptiva. Con solo echar dos vistazos a su primo había visto que llevaba algo consigo y la curiosidad podía con ella. Además el silencio se podía tornar incómodo, necesitaba llenarlo con una conversación de lo que fuera.

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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Jue Sep 04, 2014 10:31 am

Nadie como la familia
E l rostro de Narcissa se iluminó en el preciso instante en el que escuchó las palabras "ayuda" y "túnica de gala" dentro de la misma frase, prestándose rápidamente a echarle una mano en su papel de mujercita impecable. 
 
Sirius siempre afirmaba que Cissy era una niña tonta y frívola —aunque, realmente, Sirius se metía con todo el mundo que no fuesen Meda y su tío Alphard—, pero Regulus creía sin duda que su prima era la más inteligente de las tres hermanas. Había nacido la última, y pese a haber recibido la atención especial que en un principio siempre se otorgaba a los más pequeños, con el paso del tiempo había tenido que aprender a brillar con luz propia para no ser engullida por el resplandor de dos estrellas opuestas: la aguerrida Bellatrix, sobre la que descansaba el orgullo familiar, y la díscola Andrómeda. Con sus ademanes perfectos y sabiendo sacar el máximo partido a una cara bonita, Narcissa se había cincelado a sí misma para convertirse en la moneda de cambio perfecta. Y, ahora, estaba prometida nada más y nada menos que a Lucius Malfoy, una de las grandes fortunas del mundo mágico. 
 
Sí, puede que Cissy fuese frívola en ocasiones, pero porque ése también era su papel, y la muchacha lo interpretaba a la perfección.
 
Cuando Madam Malkin y sus ayudantes terminaron de arreglar la túnica azul que llevaba su prima, ésta se la sacó resueltamente por la cabeza y se quedó en ropa interior antes de que nadie pudiese detenerla. Regulus abrió mucho los ojos —la única vez que se había visto en la tesitura de ver a una chica medio desnuda había sido en tercer curso, durante una fiesta en la Sala Común que había organizado Rosier—, apartando rápidamente la vista y centrándola en el tarrito de cera que aún sostenía entre las manos. No es que la visión fuese desagradable, ni mucho menos, pero no se sentía cómodo viviendo aquella situación con su propia prima. No era cortés ni caballeroso que un chico se dedicase a mirar a una chica cuando no estaba vestida...
 
Por suerte, Madam Malkin se acercó a ella enseguida y comenzó a probarle la siguiente túnica de la fila. Las telas pasaron una a una, algunas rojas, otras verdes y otras de colores cuya existencia Regulus desconocía —¿qué demonios era el "azul cerúleo"—, hasta que escuchó de pronto la voz curiosa de Cissy, que lo observaba a través del espejo. El slytherin levantó el tarrito de cera, sin saber muy bien a lo que se refería, y cuando vio que ella asentía lo hizo rodar entre sus finos y largos dedos. 
 
Es para encerar el palo de la escoba, para que esté liso al tacto —le explicó, desviando ya mecánicamente la vista cuando vio que la modista terminaba y le acercaba un nuevo vestido a su prima—. Se me había agotado y quería darle una pasada antes de volver a Hogwarts.  
   
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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Narcissa E. Black el Vie Sep 05, 2014 9:05 pm

Nadie como la familia
Mientras le probaban y quitaban las túnicas, Narcissa se percató de varios detalles. No necesitaba ser muy inteligente como para no notar que a Regulus estar allí no le hacía la gran emoción. Pero era muy claro que el chico era un joven respetuoso y en nada se comparaba con su desastroso hermano. Mientras que Reg respetaba los deseos de sus padres, Sirius era un maldito traidor. Al pensar en Sirius hizo una mueca que fue mal interpretada por la asistenta que estaba clavandole agujas en la tela de las mangas. El modo en que empezó a temblar y pidió disculpas hizo reír a Cissy. La pobre no tenía nada que ver con su desagrado hacia el mayor de los hermanos Black. En cambio su pequeño hermanito era una dulzura. La rubia miró de reojo al susodicho y se sonrió. El modo en que desviaba la mirada cada vez que ella terminaba en ropa interior lo hacia adorable. Al fin y al cabo eran primos, no había problemas en que viera un poco más de piel que ni siquiera su prometido aún podía ver. Pero Narcissa y Regulus habían sido educados con mucho empeño, hasta el punto de que no podían dejar de lado ciertos modales. Se notaba en los portes de ambos. Eran los menores de la familia y aún poseían ese carácter que no los hacía menos que cualquiera, sino que mucho más. Por eso le caía bien Regulus, porque los dos eran los últimos pero los mejores.

Agradeció que terminaran de tomarle las medidas y la vistieran con su túnica. Entonces se tomó las molestias de acercarse a su primo y mirar la cera para escoba. Efectivamente era tal cosa y la rubia asintió divertida, como dándole la aprobación. Era claro que a los Black les gustaba bastante el quidditch, no era de asombrar que Regulus hubiese dado una vuelta por la tienda de Artículos de Calidad para el Quidditch. Narcissa nunca pisaba aquel sitio, quizá porque los deportes no eran lo suyo, pero tampoco desaprobaba que los demás se fanatizaran al respecto. Siempre le gustaba ver los partidos de quidditch en el colegio y acompañaba a su familia a los campeonatos, incluso encontraba a los jugadores atractivos. Su primo tenía lo necesario para jugar quidditch profesional, si es lo que quería. Lastima que a Orion y Walburga tal vez no les hiciera gracia que eso llegara a ocurrir. La desgracia de nacer en la familia Black residía en que muy pocas eran las decisiones que podían tomar respecto a su propia vida y su futuro...    

Solo el palo de la escoba, por supuesto —musitó con burla y un claro doble sentido—. Es tu turno.

Con un movimiento elegante y gracil le indicó a su primo que subiera al taburete donde le medirían las túnicas y tomarían sus envidiables medidas. Regulus tenía un cuerpo distinguido y Narcissa estaba segura que cualquier estilo de ropa le quedaría fantástico. Al parecer Madame Malkin pensaba exactamente igual, porque desapareció un par de segundos para regresar con una gran variedad de prendas, una más impecable y exquisita que la otra. Los ojos de Cissy brillaron emocionados mientras elegía el primer con el que traje que deseaba ver puesto a Reg.

La intención es hacer que las chicas en el colegio se derritan a tus pies, ¿no? —comentó con una sonrisa de lado.

El primer traje que había escogido Narcissa parecía de corte sencillo y de simple color negro, pero por esa sencillez abstracta estaba segura de que Regulus le daría un uso increíble. A veces la magia no consistía en vestir prendas que exageraran la apariencia y captaran la atención. El truco estaba en destacar por uno mismo. Aún así la rubia ya tenía en vista un traje blanco que pedía a gritos que Reg se lo probara y también había un par más en color verde botella y purpura que por más que fueran llamativos no alcanzarían a opacar la belleza de su primo.

¿Tenías algo en mente ya? —quiso saber con curiosidad, sin apartar la mirada de Regulus.

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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Sáb Sep 06, 2014 10:30 am

Nadie como la familia
C uando por fin Narcissa tuvo listo su cargamento de vestidos, bajó rápidamente de la plataforma y se aproximó a él con una sonrisa divertida. Regulus no necesitó escuchar ese "es tu turno" para saber que por fin su prima empezaba a disfrutar realmente de aquella jornada obligada de compras. 
 
 Mientras se subía al taburete que la rubia había dejado libre, vio a Madam Malkin desaparecer en la trastienda unos segundos, para luego volver con varias túnicas de gala contoneándose por el aire y siguiendo ordenadamente a la mujer. Había por lo menos doce, por Merlín... Regulus separó los labios para dejar claro que no quería nada estrambótico —podía escuchar ya las carcajadas de Avery y Mulciber como le plantasen algo muy remilgado—, pero Cissy ya estaba recorriendo cada una de las opciones con una peligrosa mueca placentera asomando por los labios. 
 
 —La intención es hacer que las chicas en el colegio se derritan a tus pies, ¿no? —bromeó, entregándole un traje sencillo y oscuro que se acercaba bastante a los deseos del slytherin. Madam Malkin se aproximó rápidamente para ayudarle a vestirse, como si tuviese cinco años, y después comenzó a lanzar agujas con la varita hacia los sitios que necesitaban ser perfilados. Por Salazar, se sentía como una auténtica diana de tiro—. ¿Tenías algo en mente ya?
 
 Mientras la dueña de Tiroslargos le ajustaba bien la pajarita y le recogía un poco las mangas de la túnica, Regulus echó un vistazo al espejo de cuerpo entero que adornaba la pared. Le quedaba un poco grande, pero la túnica era sobria y elegante, y hasta le hacía parecer más alto. Definitivamente, había hecho bien confiando en Cissy. 
 
 Algo sencillo, que cumpla su función y nada más. No quiero ir por ahí llamando la atención. —Ya le parecía bastante incómodo tener que asistir al baile de Navidad, como para encima desear atraer las miradas de nadie—. Éste me gusta. 
 
 —Te queda impecable, querido —lo alabó Madam Malkin, dedicándole una sonrisita nerviosa a Narcissa, esperando que ella se mostrase de acuerdo con su criterio—. Es un conjunto serio, pero muy aristocrático. Perfecto para un chico de tu edad. Además está hecho con auténtica seda italiana, muy ligera, y el forro interior de la túnica está tratado con un ungüento especial hecho a partir de escamas de dragón que impide que penetre el frío. Cómo se nota que tenéis un gusto exquisito, queridos...
 
Y cómo se nota que estas túnicas no puedes vendérselas a cualquiera, pensó él a su vez, aunque le dedicó una sonrisa educada a la mujer. Cuanto antes acabasen con aquello, mejor. 
   
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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Narcissa E. Black el Sáb Sep 06, 2014 7:18 pm

Nadie como la familia
De nada serviría insistir para que Regulus se probara la túnica blanca. Si bien podía llegar a hacer que su primo se viera totalmente irresistible, el chico ya había dejado en claro que no quería ir llamando la atención. Seguramente los compañeros se burlarían de él por pura envidia. Narcissa detestaba que esto ocurriera, pero tampoco se podía evitar. Hizo una pequeña mueca al descartar el traje impecablemente puro y se centró en ver cómo quedaba la túnica negra en Reg. La sonrisa que se dibujó en sus labios era de absoluto orgullo. Le quedaba algo suelta en varias partes, pero con los arreglos necesarios aquella ropa haría que Regulus se viera increíble. Desde luego que Madame Malkin se vio tentada a opinar y eso a Cissy, por el contrario de antes, le agradó.

Supuse que sería de tu agrado, primo —responde la rubia, fijando su vista en el trasero masculino cuando la túnica se elevó hacia arriba y haciéndole un gesto a una de las asistentas—. Allí, le haría falta un tiro mas ajustado pero que permita cualquier tipo de movimientos —indicó con aire profesional y autoritario. Su primo poseía una bonito trasero como para que el pantalón se lo arruinara. Sabía que varias chicas querrían admirar la vista y tendrían que estar muy agradecidas con ella.

Cuando terminaron de tomarle las medidas y marcar los reajustes que debían hacer al traje, Narcissa supuso que toda la diversión acababa allí. Los otro once o doce trajes que levitaban a su alrededor estaban solamente de adorno. Mas no mostró ningún gesto que dejara ver su congoja. Solo mordió ligeramente su labio inferior, mostrando una pequeña indecisión. Hasta que decidió hacer un ultimo comentario, por si las dudas.

Esa túnica es esplendida, pero si quieres destacar sin llamar precisamente toda la atención están esa verde botella o aquella en color purpura que te quedarían como anillo al dedo y parecen estar confeccionadas de una tela magnifica —dijo como si ella misma fuera la vendedora del lugar, Madame Malkin la miró con admiración y asintió efectivamente.

Seguramente era una lástima que su primo no fuera tan dado a las vestimentas, porque de ser por Narcissa ella le hubiese llevado la mayoría de aquellas túnicas y contando las suyas propias el dinero que allí gastaban era descomunal. Después de todo Malkin no quería perder a unos clientes tan excepcionales y por eso les atendía con tanto esmero. Cissy se había fijado que fuera de aquel vestidor privado había poco espacio y un montón de magos y brujas casi asfixiándose por conseguir una túnica nueva. La Madame nunca atendía a nadie que no fuera realmente importante. Aquellos detalles hacían que Narcissa disfrutara de vez en cuando los beneficios de su familia.

Estaba absorta en sus pensamientos cuando los ojos claros de la rubia volvieron a fijarse en la túnica blanca y suspiró con una mezcla de sentimientos. Se imaginó a ella misma en aquella plataforma donde estaba su primo, vistiendo la túnica más hermosa de todos los tiempos, con la cual se casaría. La imagen del rubio Malfoy sonriendo de lado, con aprobación, llenaron el corazón de Cissy con una mezcla de alegría y tristeza. Nadie sabía si eso llegaría realmente a ocurrir. Narcissa ni siquiera tenía noticias de su prometido y preguntarle a Regulus sería ridiculo. Él tenía la fortuna de aún no estar comprometido, menos preocupaciones para el castaño.

Al parecer tu madre y la mía no tienen en mente aparecer por aquí —mencionó Cissy, con voz fría y carente de sentimientos, bloqueando todos sus pensamientos.

Regulus y Narcissa tenían distintas opciones. Podían continuar jugando a vestirse y gastar dinero en cuantas más prendas quisieran. También, si querían, podían ir a pasear por el callejón hasta que sus madres decidieran aparecer. O en lugar de pensar en ellos simplemente debían pagar e irse a buscar a las brujas que los habían traído a la vida. Cualquiera de las opciones que eligieran, a Cissy, le daba igual, por el momento...

¿Qué hacemos?



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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Dom Sep 07, 2014 4:51 pm

Nadie como la familia
N arcissa había demostrado ser muy eficaz a la hora de escoger fondo de armario, pero Regulus consideraba que ya habían pasado el tiempo suficiente encerrados allí dentro como para que su madre y su tía hubiesen acabado con su quehaceres personales. Por eso, no se dejó ablandar por la mirada de cachorrillo que su prima dedicó a las túnicas rechazadas y entregó a Madam Malkin la cantidad convenida por el encargo.
 
—Siempre es un placer contar con usted y con su familia como clientes, señorito Black —aseguró la bruja con tono meloso, cerrando encantada sus huesudos dedos en torno a la bolsita de galeones—. Les enviaremos una lechuza a la mayor brevedad posible para que sus elfos domésticos puedan venir a recoger sus pedidos. Pasen un buen día y, por favor, saluden a la señora Walburga y a la señora Druella de mi parte. 
 
Regulus asintió y se despidió, apoyando suavemente la palma de la mano sobre la espalda de su prima para indicarle que pasase ella primero, pero la rubia apartó de golpe la mirada del conjunto de túnicas que él había rechazado y compuso un mohín. 
 
—Al parecer tu madre y la mía no tienen en mente aparecer por aquí —señaló, molesta—. ¿Qué hacemos?
 
 Como si quisiesen corroborar las palabras de Cissy, dos pequeños unicornios de madera saltaron a la vez del hueco del reloj que colgaba de la pared frontal de la tienda y golpearon sus cuernos cinco veces antes de desaparecer de nuevo. Eso quería decir que llevaban cerca de dos horas en aquella improvisada sesión de compras, y que ni su madre ni su tía se hubiesen molestado en acudir a buscarlos le parecía bastante raro. Sobre todo, teniendo en cuenta cómo eran ambas con el tema de la puntualidad... 
 
 Será mejor que salgamos —sugirió, cogiéndola delicadamente de la muñeca para sacarla del local. No se le había pasado por alto la mirada que Madam Malkin les había dirigido al escuchar las palabras de Narcissa, y no tenía ganas de seguir soportando la diarrea verbal de la bruja—. La tienda ya está bastante abarrotada. 
 
 Tras algunos codazos y empujones desagradables, ambos consiguieron salir al callejón, que se encontraba mucho más desierto de como acostumbraba a estar siendo finales de verano, a excepción de algunos comercios contados. Regulus miró a ambos lados, tratando de vislumbrar los rostros de su madre y su tía entre la escasa multitud, sin éxito. No quería decírselo a Narcissa, pero aquella ausencia tan prolongada e inexplicable no le estaba dando buena espina. 
 
Quizás deberías volver al callejón Knockturn. Puede que se hayan entretenido —murmuró, sin mucha convicción. 
 
 No le parecía lo más sensato del mundo que dos estudiantes menores de edad se paseasen solos por el callejón Knockturn, a pesar de que él ya había acudido allí varias veces con sus padres y nunca le había sucedido nada malo, pero tampoco se quedaba tranquilo sentándose sin más en Florean Fortescue. 
 
 Además, que lo más probable sería que tía Druella se hubiese encaprichado de algún objeto extraño y estuviese charlando de las propiedades mágicas del mismo con el señor Borgin... ¿no?
 

 
   
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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Narcissa E. Black el Miér Sep 10, 2014 3:56 am

Nadie como la familia
Sus efectos nunca funcionaban con Regulus. Narcissa ya sabía que su primo podía resistirse a todos sus encantos y la consentía solo cuando era realmente necesario. Así que no dijo nada, se limitó a observar en silencio cómo el pequeño Black pagaba a Madame Malkin y terminaba de hacer las compras. Se mordió tanto la lengua que solo alcanzó a sonreír antes de que Reg la tomara de la muñeca para empezar a jalarla entre la multitud de personas que se acumulaban en el interior de la tienda.

¡Merlín, cuánta gente! —exclamó con mezcla de asombro y asquío.

Al principio le pareció incómodo que su primo la sujetara, luego entendió que era necesario. Así que con naturalidad entrelazó su mano con la del joven. Estaba acostumbrada a pasear de ese modo con su hermana Bella y a Reg podía llegar a verlo como un hermano de vez en cuando. Ni siquiera se puso pensar en las apariencias. La multitud de personas la desorientó. A Cissy ni le cruzó por la cabeza que aquellos ingratos que desconocían quiénes eran los Black fueran a confundirlos con una pareja. No se dio cuenta de ese detalle hasta que una niña de ocho o nueve años jaló de la túnica de la rubia y comenzó a llamar a su madre a gritos.

Maaaamiiiii, son re lindoooos—chilló con voz aguda y malcriada. Por suerte Narcissa nunca había sido así, pensó con una sonrisa tensa mientras tironeaba de su túnica—. ¡Yo quiero ser igual! ¡Y quiero tener un novio igual de lindo!

Los fríos ojos de la menor de los Black se posaron en la madre que se acercaba a empujones para rescatar a su niña. A través de esa vil mirada envió un millón de mensajes mortales, advirtiendo que alguien debía educar mejor a sus niños si no quería acabar muy mal. Por suerte la cría soltó la ropa de Cissy y Regulus continuó moviéndose hasta que lograron salir de la tienda. Lastima que fuera también había gente...

No lo soporto, alejémonos de aquí —suplicó Cissy a su primo, aún tensa por contener su mal humor.

Deseaba patear y lanzar hechizos por doquier, solo para abrirse camino y poder respirar aire puro. Estiró su cuello para intentar localizar a su madre y su tía, pero no logró a ver mucho. Desde luego que ambas mujeres no estarían perdiendo su tiempo entre aquellas desagradables personas. Por suerte afuera había gente decente que se hacía a un lado para dejarlos pasar y hasta bajaban la vista con respeto. Allí ya nadie sospechaba que ambos fueran una pareja. Narcissa sonrió con más calma y se aferró de su primo. La idea de ir al callejón Knockturn hizo que mirara con interés a Regulus.

¿Por que allí? ¿Qué hacían madre y tía Walburga en el callejón Knockturn? —cuestionó pero no dejó de andar.

La pregunta le pareció un tanto estúpida luego de haberla formulado. Narcissa conocía perfectamente a su madre, incluso estaba en la familia, todos poseían el insondable deseo de adentrarse en aquel callejón de mala fama para adquirir objetos que en ningún otro sitio estaban a la venta. Incluso la pequeña Cissy solía ir en compañía de su hermana, a escondidas de sus padres. Cuando necesitaba algunos ingredientes de pociones poco habituales no tenía de otra. En esto pensaba mientras recorría las callejuelas de Knockturn casi con familiaridad.

De repente un par de sombras le produjeron un horrible escalofrío a la rubia y sostuvo con firmeza la mano de su primo para que se detuviera. Tan pronto como se había alegrado de alejarse de la multitud espantosa que había en Diagon Alley ya quería regresar, casi corriendo. Sin embargo no era una cobarde y sabía defenderse. Además no estaba sola.

Reg, creo que alguien se acerca... —susurró a su oído, las pisadas comenzaban a materializarse muy cerca de ellos.  



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Última edición por Narcissa E. Black el Jue Sep 11, 2014 12:55 am, editado 1 vez



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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Miér Sep 10, 2014 8:41 pm

Nadie como la familia
N arcissa alzó una de sus delicadas cejas con curiosidad, aunque mostró su conformidad al echar a andar hacia el desvío que desembocaba en el callejón. 

—¿Por que allí? —preguntó, procurando no tropezar con los adoquines sueltos de la oscura y destartalada vía de acceso. Justo a su izquierda, una mancha húmeda de un feo color carmesí relucía a la luz del único farol que iluminaba la entrada—. ¿Qué hacían madre y tía Walburga en el callejón Knockturn? 

Un cuadro —resumió en un susurro, aunque éste quedó ahogado por el chillido de una rata que trepaba por un canalón podrido.

Conforme más se internaban dentro del callejón Knockturn, más frío parecía hacer. Regulus no se había dado cuenta hasta aquel momento —siempre había acudido allí acompañado por alguien y, si bien no dejaba de ser un lugar un tanto tétrico, la seguridad que le proporcionaba la presencia de un adulto a su lado había mantenido adormecidos sus sentidos—, pero el aire olía a podrido y desde todos los rincones oscuros parecía acechar alguien —o algo— cuyos ojos brillaban en la oscuridad igual que dos luciérnagas. El slytherin apretó el paso, sobrepasando el puesto callejero de una bruja que exhibía tarros de uñas de todas las formas y colores; y nada más doblar la esquina surgió un hombre jorobado y medio deforme que intentó venderles un manojo de cabezas reducidas y pestilentes.

Sólo cuando vio a lo lejos el letrero desgastado de Borgin y Burkes, pudo respirar tranquilo. No se consideraba a sí mismo una persona cobarde, pero debía admitir que había empezado a ponerse muy nervioso. Sentía los dedos agarrotados y fríos en torno a la mano de Cissy, y en más de una ocasión había tenido que hacer uso de todo su auto control para no echar a correr.  

Ya se disponía a recorrer la escasa distancia que los separaba de la tienda cuando Narcissa tiró con firmeza de su brazo y lo obligó a detenerse.

—Reg, creo que alguien se acerca... —advirtió con desconfianza, al mismo tiempo que dos gigantescas sombras se extendían bajo sus pies como un enorme y aterrador lethifold.

Regulus apenas tuvo tiempo de sacar la varita antes de que una mano gigantesca y peluda, repleta de uñas largas y negras, se cerrase peligrosamente en torno a su hombro.

—Vaya, vaya, vaya... Mira lo que nos hemos encontrado, Dolohov. Dos niños perdidos sin su mamá. —No necesitó mirar a los ojos a aquel ser para saber que se trataba de Fenrir Greyback, el hombre lobo que lideraba a los carroñeros al servicio del Señor Oscuro. Regulus contuvo una arcada cuando lo sujetó de la túnica y lo alzó hasta dejarlo de puntillas, exhalando su pútrido aliento sobre su rostro—. El "pequeño rey" de los Black y la... dulce —La mera palabra sonaba sucia en los labios del licántropo— hermanita de Bella. ¿Qué hacéis por aquí tan solos, a merced de cualquier desaprensivo?

No estamos solos —mintió con rapidez, tratando de sonar lo más calmado y convincente posible, a pesar de que le temblaban las manos. Greyback desnudó sus dientes amarillos en una muda carcajada, echando un vistazo a su alrededor, pero fue suficiente para que Regulus consiguiese reunir el valor necesario como para apuntarle a la cara con la varita—, así que suélteme, si no quiere cargar con las consecuencias. 

Al instante, se arrepintió de su estúpido arrebato de osadía, porque el licántropo esbozó una mueca aún más aterradora y sus largas uñas comenzaron a rozar peligrosamente la piel pálida de su cuello. Por suerte, el hombre al que había llamado Dolohov murmuró algo con voz grave y cavernosa, y a los pocos segundos Greyback lo dejó en el suelo de nuevo con gesto de fastidio.

Si no hubiese sido porque Narcissa continuaba agarrándole de la mano, estaba convencido de que las piernas se le habrían doblado y se habría caído al suelo.



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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Narcissa E. Black el Jue Sep 11, 2014 12:50 am

Nadie como la familia
El poder comunicativo de Regulus era asombroso. Cissy estuvo a punto de hacer algún comentario sarcástico al respecto, pero se mordió la lengua. Sus instintos le decían que algo no marchaba correctamente. Cuando iba a Nockturn con su hermana mayor y se tomaban de la mano era muy distinto. En ese momento su primo parecía tener la mano fría y se comportaba de manera extraña. ¿Quizá era miedo? No, no se percibía tal cosa en el rostro de Regulus. Sin embargo la rubia se resistió a demorar el camino hacia Borgin & Burkes. No sabían cuánto tiempo más se quedarían sus madres en la tienda.

En un momento dado la menor de las Black decidió que podía intentar hacer de hermana mayor. Regulus era más chico por un año y tal vez si la rubia lideraba el camino con total seguridad ayudaba al chico a dejar los nervios a un lado. Fue entonces que ella misma se contagió de aquel pavor y se estremeció por un muy mal presentimiento. Algo no andaba bien y ambos chicos no tardaron en descubrirlo. Luego de que Cissy le dijera a su primo lo que sentía una voz arrastrada y repugnante inundó el aire. Ni siquiera tuvieron tiempo para echar a correr antes de que Regulus se viera levantado en el aire por un sujeto repugnante que Narcissa no demoró en reconocer.

No estamos perdidos —se apresuró en aclarar la rubia—. Y nuestros asuntos poco le incumben, Greyback —contestó a la pregunta de manera cortante y fría, añadiendo una mueca de asco al pronunciar el apellido de aquella criatura que distaba de ser humana.

Quería mostrarse fuerte, quizá como su hermana o su madre, pero presionaba con mucha fuerza la mano de su primo, deseando que lo dejaran en el suelo. Al mismo tiempo había llevado una mano al bolsillo de su túnica y aferraba con la misma fuerza su varita, hasta sentía que le temblaba un poco. Dejando de lado el esfuerzo por no temblar de pies a cabeza, Narcissa miraba desafiante al hombre lobo, con la espalda erguida y su porte altivo. No iba a mostrar lo muy intimidada que estaba. Y si las cosas se complicaban pensaba atacar y defender a Regulus. Por el momento se limitó a aguardar que Greyback aceptara la sutil amenaza de su primo. En parte agradeció que Dolohov se hiciera cargo de la situación, mas no lo hizo por mucho tiempo.

Las ojos claros de Narcissa alternaron entre la bestia y el mago, ambos poseían una presencia desarreglada y poco agradable. Si la chica tenía que elegir entre el uno y el otro habría preferido un crucio. Tal vez ese pensamiento no era muy bueno estando en la situación que se encontraba. Al parecer la idea incitó al mago de aspecto sucio y amenazante para que se acercara lentamente hacia ella. Dolohov tenía una presencia oscura y sus ojos negros gritaban con maniática locura mientras recorrían la figura de Cissy. La rubia se sintió pequeña y frágil, deseó volverse invisible antes de que la mano sucia de aquel hombre alcanzara un mechón de su cabello.

¿Realmente es tan dulce como dices, Fenrir? —consultó al tiempo que inclinaba su rostro para olfatear el rubio pelo.

El primer instinto de Narcissa era el de apartarse con repulsión, más eso demostraría lo nerviosa y asustada que se encontraba. Así que prefirió entrecerrar sus ojos de manera peligrosa y presionar sus labios en una fina linea recta. Lo que más deseaba en ese momento era sacar su varita y lanzarle un hechizo a Dolohov directo en las pelotas, para que luego no pudiera utilizarlas nunca mas en su perra vida. En cambio clavó sus uñas en la mano de su primo Reg. Hasta intentó contener el aliento mientras que pensaba en cosas bonitas, muy lejos de aquella asquerosa realidad. Si Lucius Malfoy hubiese estado presente alguien ya se estaría quedando sin una mano, quiso imaginar Cissy.

Estoy comprometida —decidió advertir, tal vez pensar en la familia Malfoy les quitara las ganas de tocarla—. Y mi primo y yo estamos apurados, si no les importa...  

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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Sáb Sep 13, 2014 11:29 am

Perdón por haber tardado, que tenía un examen chungo ayer y no he tenido la cabeza muy en su sitio estos días.

Nadie como la familia
C ada instante que transcurría, Regulus se arrepentía más y más de haber cedido a sus impulsos y haber arrastrado a Narcissa hasta aquel lugar. Estaba más que claro que había cometido una insensatez impropia de él, pero ahora de poco servía lamentarse al respecto. Por eso, intentó hacer el miedo a un lado —El miedo te vuelve torpe y lento, le había dicho Bellatrix en una ocasión, cuando a los cinco años le había confesado que dormía con Sirius para que los troles no viniesen a por él por la noche. El miedo es para ellos, no para nosotros— para conseguir pensar con algo de frialdad.

Había escuchado antes hablar de Fenrir Greyback. Sabía que a muchos seguidores del Señor Tenebroso no les gustaba, ya no sólo por su voluble temperamento —no era la primera vez que asesinaba a alguien de su propio bando, ni sería la última—, si no porque había sido públicamente rechazado para ser mortífago por su condición de hombre lobo. Bellatrix le había contado historias —historias de terror, de ésas que tanto disfrutaba narrando— acerca de cómo seleccionaba a los niños antes de convertirlos, cómo les daba caza y, en ocasiones, cómo los desgarraba por completo hasta arrebatarles la vida. Niños muggles, niños magos, mestizos... un hombre sin escrúpulos no hacía distinción alguno, y Regulus sabía que, si había mostrado algún tipo de deferencia hacia su prima y hacia él, había sido únicamente por temor a las represalias. No a las de Dolohov, por supuesto, si no a aquellas que procedían de más arriba.

Nunca muerdas la mano que te da de comer.

—Estoy comprometida —susurró de pronto Narcissa, apretando la mano de Regulus de tal forma que consiguió hacerle daño—. Y mi primo y yo estamos apurados, si no les importa...

El mortífago alzó una ceja negra y descuidada, alejando lentamente su rostro del de la rubia y preocupándose de rozarle la mejilla con la barba al apartarse. Era casi tan alto como Greyback e iba completamente vestido de negro, con una capa gruesa y pesada que le confería cierto aspecto de vampiro.

—Está claro que los Malfoy saben comprar —se burló con tono aburrido, en referencia a las palabras de su prima. Regulus apretó los dientes, molesto por la humillante idea que encerraban aquellas palabras. Nosotros somos Black, escoria gruñó su orgullo, incitándole a levantar la barbilla con altivez. Nuestro linaje existía mucho antes de que cualquiera de tus antepasados cogiese su primera varita. Nadie compra al rey de la partida—. Deja a los chicos, Greyback. Seguro que les han enviado a una importante misión a la altura de su... importancia.

Pese a que le ardía la cara de rabia, Regulus se las ingenió para mantenerse inmóvil y en silencio hasta que ambos hombres desaparecieron por una de las bifurcaciones del callejón. Sólo cuando dejó de oír sus pasos exhaló el aire que llevaba un buen rato conteniendo en los pulmones.

Imbéciles —escupió con rencor, ocultando la varita en la manga de la túnica. Estaba tan sumamente enfadado que apenas consiguió darse cuenta de que su prima se acariciaba la piel del rostro con gesto asqueado, allí donde Dolohov la había tocado—. Nadie te ha comprado, Cissy. Créeme, esto no va a quedar así.

Por el momento no podían hacer nada —y Regulus se negaba a ir a llorar a las faldas de su madre o a las de Bellatrix como si fuese un crío de cuatro años—, pero en un futuro no muy lejano, cuando luciese la misma marca de la que Dolohov tanto se jactaba, estarían en igualdad de condiciones y entonces las cosas serían muy distintas.

Las serpientes más letales siempre eran aquellas que sus presas tomaban como inofensivas, y si tentaban mucho a la suerte y las obligaban a desnudar los colmillos, el final era inminente.

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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Narcissa E. Black el Dom Sep 14, 2014 5:21 am

Nadie como la familia
Como no había marcha atrás, Narcissa se mantenía firme e imperturbable por fuera. Aunque por dentro bien le hubiese encantado salir corriendo. Su primo Regulus controlaba las palabras, Cissy deseaba escupirle a aquellas dos bestias y retirarse con clase. El problema era que si llegaba a hacer lo que se le daba la gana era probable que no salieran muy bien parados de aquella situación. Después de todo la rubia era una señorita y sabía que existían hombres sin una sola gota de conciencia...

Narcissa intentó recordarle a aquellos dos asquerosos hombres que estaba comprometida, así pensarían mejor antes de poner sus sucias manos sobre ella. Sin embargo Dolohov decidió hacerse el gracioso con un par de comentarios que no le sentaron para nada bien a la menor de las Black. ¡A ella nadie la había comprado! Malfoy había aceptado comprometerse con ella porque su padre había decidido que los Malfoy eran dignos de mezclarse con la familia Black. Por suerte tuvo la coherencia de pedirle a su mascota que los dejaran en paz, pensó Cissy, totalmente furiosa.

Cissy creyó que no se marcharían tan fácilmente, que por lo menos su primo diría algo. Pero no, la pareja de hombres se retiró y ella junto a su primo quedaron en un absoluto silencio por unos segundos. Luego fue Reg quien abrió la boca primero. La rubia aún sentía un horrible cosquilleo en la mejilla y deseaba vengarse, necesitaba hacer algo. Las palabras de su primo no la tranquilizaban, sino que le entraban por un oído y salían por el otro.

Esto no puede quedar así, Regulus —protestó indignada y miró al castaño esperando que reaccionara.

Como estaba claro que el menor no tenía intenciones de moverse fue Narcissa quien lo jaló con fuerza del brazo y lo condujo detrás de aquellos dos hombres. ¿Qué hacían? Cissy claramente no pensaba, solo quería hacer que aquellos dos se comieran sus palabras. Los alcanzaron justo cuando doblaban por una callejuela incluso más angosta y la rubia sacó su varita sin dudar ni un solo instante.

¡Incendio!—masculló con fiereza y la túnica de Dolohov comenzó a arder en llamas.

Al ver la escena Narcissa se sintió mucho más satisfecha pero notó que la bestia de Greyback en vez de ayudar a su compañero los miraba como si fueran dos bocadillos recién listos para devorar. Ni siquiera tuvo que gritar que empezaran a correr, le pareció que su primo la jalaba o ella a él. Los Black huyeron de la escena del crimen como almas espantadas. Narcissa de vez en cuando miraba hacia atrás y lanzaba algún hechizo protector. No fue hasta que le pareció perder de vista al hombre lobo que Cissy encontró un pequeño recoveco en una de las paredes del callejón y obligó a su primo a que se escondieran allí. Con la respiración agitada y el corazón galopando se abrazó a Regulus y sonrió.

¿Viste como ardía el bastardo? —preguntó en un susurro.

El cuerpo de la rubia vibró en una risa silenciosa mientras se presionaba con el de Regulus. Era una niña, había actuado de manera insensata y sin pensar en las consecuencias. Ahora seguramente aquellos dos hombres los estaban buscando por todos lados para vengarse de ellos y no debían permitir que los encontraran. Por suerte en aquel espacio nadie podía verlos y estarían seguros por un buen rato. Se removió para ocupar el menor espacio posible y que su primo estuviera cómodo. No pensaba pedir disculpas por lo que acababa de hacer, no se arrepentía de nada.
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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Lun Sep 15, 2014 8:31 am

Nadie como la familia
Regulus apelaba interiormente al sentido común de Narcissa, mientras la observaba temblar de rabia. Para él, aquel desagradable encuentro también había supuesto una humillación y habría sido muy sencillo dejarse llevar por la ira y cometer alguna estupidez, pero ambos hombres los superaban en edad y destreza mágica —sólo un imbécil cegato negaría eso—, por lo que lo más sensato, ahora que se habían librado por fin de ellos, era continuar su camino y esperar una mejor oportunidad en el futuro que sirviese para hacerles tragarse sus palabras.

Sin embargo, su prima lo agarró del brazo con una fuerza que parecía impropia de una chica tan  menuda como Narcissa, y antes de que Regulus pudiese siquiera reaccionar estaban justo tras ellos. La rubia alzó la varita y hechizó la capa del mortífago, que comenzó a arder con virulencia. Regulus contempló la escena estupefacto —por Salazar, ¿¿¿pero qué demonios se le pasaba a Narcissa por la cabeza???—, y solo necesitó dos segundos para ver a Greyback girarse hacia ellos con una sonrisa placentera que rayaba lo obsceno, antes de echar a correr todo lo rápido que le permitían sus piernas. Acababan de abrirle —bueno, Narcissa acababa de hacerlo— la veda de caza gratuitamente, y esta vez sospechaba que Dolohov no iba a detenerlo. Si les daba alcance, estaban perdidos. Maldita sea, joder...

No fue capaz de calcular cuánto tiempo duró aquella aterradora persecución, pero cuando Narcissa lo empujó a una pequeña grieta abierta en la pared de una vieja trastienda, el corazón le golpeaba las sienes con tanta fuerza que creyó que le acabaría explotando la cabeza.

¿Pero qué demonios te pasa, por Salazar? —siseó entre jadeos ahogados, enfadado al ver lo ufana que parecía ella por haber actuado como lo haría alguien sin cerebro—. ¿Quieres que nos maten? ¿En qué estabas pensando, en el nombre de Merlín?

Tragó saliva, manteniéndose inmóvil contra la superficie rugosa mientras su prima intentaba proporcionarle un espacio que no existía. Llevaba la elegante túnica oscura completamente cubierta de polvo y barro —madre iba a matarlo cuando lo descubriese de esa guisa—, y la mano derecha completamente acalambrada de sujetar con tanta fuerza su varita. Se la masajeó con los dedos, conteniendo un poco la trabajosa respiración para intentar agudizar el oído: silencio. Total y absoluto silencio.

No podemos quedarnos aquí —murmuró, ladeándose para poder tener algo de perspectiva del callejón, que parecía desierto—. Greyback es un hombre lobo, puede olernos, aunque no nos vea. Si no le hubieses...

Pero enmudeció al instante. Demasiado silencio. Demasiado. ¿Dónde estaba el vagabundo de la túnica rajada y ensangrentada que había sobrepasado al doblar la esquina? ¿Y el gato que estaba tirado en el suelo y que casi había pisado cuando su prima lo había introducido en aquel improvisado escondite?

Maldita sea, Narcissa, ¡corre! —gruñó, sacándola con rudeza de su rincón y lanzándola a la calle antes de que la repugnante y deforme garra de Greyback apareciese de la nada y se clavase donde segundos antes había estado el rostro de su prima—. ¡Desmaius!

No se detuvo a comprobar si el hechizo había surtido efecto, si no que en cuanto Greyback retrocedió un par de pasos con un rugido ahogado, el slytherin aprovechó para saltar fuera del agujero y agarrar la muñeca de su prima, corriendo callejón arriba. Borgin y Burkes era su única salvación, si lograban entrar... si alcanzaban la puerta antes de que...

—¡Por Salazar! ¡Druella, ven aquí, mira lo que...! —gritó una voz chirriante y amenazadora que conocía muy bien, a la vez que el rostro de su madre asomaba por el arco de la calle contigua.

Pero no pudo acabar la frase, porque ambos chicos se chocaron contra ella y los tres acabaron tirados sobre el suelo del callejón.

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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Narcissa E. Black el Lun Sep 15, 2014 9:28 pm

Nadie como la familia
Cissy se había mostrado como una insensata pero estaba decidido que su primo era un cobarde. El modo en que Regulus la agarraba de la mano para correr a todas prisas por Nockturn era incluso más fuerte que cuando ella lo había jalado para buscar al imbécil de Dolohov. Es más, cuando Narcissa encontró el recoveco para ocultarse para recuperar la respiración el tono de voz de su primo denotaba histeria y pánico.

Pensaba en lo dolorosas que le serán las quemaduras a Dolohov, así pensará mejor de mí —espetó con la respiración igual de agitada que la de su primo.

Regulus era jugador de quidditch, estaba acostumbrado a la actividad física. Sin embargo Narcissa cada vez tenía menos clases de esgrima y sus musculos estaban agarrotados luego de aquella eterna carrera.No quería moverse, sabía que debían hacerlo, pero en verdad necesitaba un descanso antes de continuar con la persecución. Habían pasado cerca de varias personas, golpeando sin querer brazos y hombros, incluso Cissy había perdido un trozo de su túnica. Debían ser los suficientes despistes como para marear al hombre lobo. En eso estaba pensando cuando su primo la instó a correr.

¡Regulus! —chilló espantada.

Se hizo a un lado como pudo y sacó su varita dispuesta a atacar si era necesario. Pero no corrió, no abandonó a su primo. Permaneció apartada esperando el momento justo, esperando poder atacar sin darle por error a Regulus. Pero por suerte su primo se las ingenió para escapar y volver a tomarla del brazo. Volvieron a correr, sus corazones desbocados. Narcissa no sabía a donde ir, aún no sabían aparecerse y llegar al callejón Diagon les tomaría mucho tiempo. Aunque su primo parecía saber hacía dónde se dirigían...

Fue entonces que una voz femenina mencionó el nombre de su madre. Un enorme alivio recorrió a la menor de las Black. Tal vez debería haberse espantado de que tanto su madre como su tía los encontraran en aquella peliaguda situación, pero después de todo aquellas mujeres eran su salvación. Regulus y Narcissa se estrellaron contra Walburga, haciéndola caer y Druella chilló escandalizada.

¡¿Pero qué está ocurriendo aquí, por el amor de Merlin?! —preguntó Druella mientras levantaba a su hija de un tirón.

Narcissa sintió que la levantaban del suelo y bajó la mirada esperando un castigo y muchos gritos. En eso tendió la mano a su tía y a su primo para ayudarlos a ponerse en pie. Su corazón estaba acelerado y temía ver a sus espaldas por miedo a encontrarse con Greyback. Así que miró suplicante a su madre y dijo lo que tanto deseaba.

Volvamos a casa, por favor, madre —murmuró.

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Re: Nadie como la familia [Cissy Black]

Mensaje por Regulus A. Black el Mar Sep 16, 2014 8:55 pm

Nadie como la familia
Si Walburga tuvo en algún momento intención de reñirle o de castigarle —como era de esperar, después de lo sucedido—, supo ocultarlo bien. Lo único que hizo fue mirarle de arriba a abajo, con un brillo extraño en los ojos, antes de sacudirse el polvo de la túnica con una pasada de varita y presionar los labios hasta que estos parecieron desaparecer dentro de su boca.

—Volvamos a casa, por favor, madre —escuchó que suplicaba Narcissa, pero él no podía apartar la vista de la suya propia.

No era decepción lo que podía ver en su mirada, si bien estaba convencido de que el hecho de haberse manchado y destrozado la ropa iba a tener sus repercusiones, si no otra cosa distinta. Una especie de curiosidad, de anhelo sobre lo que podía haber sucedido, y Regulus inmediatamente comprendió que Walburga intuía a la perfección con qué clase de magos habían tenido contacto.

—Ningún hijo mío va a pasearse por la calle como si fuese un pordiosero —sentenció con su voz dura y firme, dándole la espalda e inclinando la cabeza ante su cuñada—. Druella, tendrás que disculparnos. ¡Kreacher!

El anciano elfo se personó ante ella al instante, frotándose las arrugadas y manchadas manos, siempre mirando hacia el suelo en señal de sumisión y respeto. A Regulus siempre le había transmitido mucha simpatía, puesto que, aunque a veces murmuraba cosas ininteligibles y solía ir muy sucio, el elfo había demostrado ser un siervo bueno y leal que se preocupaba por él de una forma sincera y desinteresada. Cosa que no se podía afirmar de la mayoría de gente que lo rodeaba...

Mientras Kreacher recogía todos los paquetes que llevaba su madre, Regulus se despidió educadamente de su tía y se aproximó a su prima para besar cordialmente su mejilla.

No se lo cuentes. Ni siquiera a Lucius —susurró con disimulo, rozándola suavemente con el pómulo antes de apartarse.

—Cissy, querida, hasta pronto —se despidió Walburga, con un tono que podría haber cortado el mismísimo acero—. Nos vamos, Regulus.

Y, dicho esto, aferró su hombro con aquellos dedos huesudos, tan parecidos a unas garras, y el mundo desapareció en un torbellido de colores apagados.




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